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Biomagnetismo
Medicinal





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El
Doctor Isaac Goíz Durán, define al par
biomagnético como el conjunto de
cargas que identifican una patología y que está
constituido por dos
cargas principales de polaridad opuesta, que se forman a expensas de la
alteración fundamental del pH de los órganos que las
soportan.
De esta dualidad energética se desprende el otro principio
fundamental que es el nivel energético normal (NEN).
El NEN, define los límites bioenergéticos en donde se
llevan a cabo
todos los procesos metabólicos celulares de los organismos
humanos y
que a razón de la temperatura no debe salirse del límite
de apenas 1º C
(36 a 37º), en razón de la absorción
electromagnética está en el orden
de los 400 amstrongs y en razón del pH está muy
próximo al valor neutro
de la escala convencional, con tolerancias de apenas 3 décimas
(6.7 a
7.3).
La identificación de los polos biomagnéticos obedece a la
resonancia
energética del polo del imán con el del organismo en
estudio.
Dr. Goiz: “El
biomagnetismo, supera la imaginación”
Más que imanes, un modelo de salud. Una terapia que
nace con el descubrimiento del médico
mexicano, Dr. Isaac Goiz: el par biomagnético. Su
propuesta: toda enfermedad aparece con la
llegada de inesperadas visitas microscópicas
(parásitos, virus, bacterias u hongos),
hospedando en algún órgano que ha cambiado su
pH.
¿Por qué renunciar a la salud ideal si para el
biomagnetismo no hay enfermedad catastrófica? La
buena nueva que nos trae es que todos podemos trocar
enfermedad en curación y armonía. El
biomagnetismo nos llama a convertirnos en alquimistas y a
dejar de identificarnos con nuestras
dolencias, si tenemos disponibles campos magnéticos
que pueden ejercer un benéfico efecto en
nuestra calidad de vida.
Una mirada del enfermar y sanar desde el punto de vista
energético es la propuesta terapéutica del
biomagnetismo. Potentes y simples imanes es la batería
de prescripciones, luego de que se rastree
con singular método kinesiológico la
región biomagnética aquejada.
Al biomagnetismo no le interesan los síntomas, puesto
que los entiende como una demostración
tardía. Cuando se instala un microorganismo
inmediatamente “se contrae el órgano que soporta la
distorsión del pH y posteriomente, muy posteriormente,
aparecen todas las manifestaciones
visibles”, señala el Dr. Goiz.
El ideal de la medicina biomagnética no es un mundo
aséptico en guerra contra los gérmenes, sino
mantener al organismo en un pH neutro porque el estado de
salud se entiende como el equilibrio
interno del organismo.
DIÁLOGOS CON EL PH Y EL ADN
El biomagnetismo permite diagnosticar, hacer
diagnóstico diferencial, clasificar las enfermedades,
curarlas y prevenirlas, nivelando la energía que
está desajustada por la presencia patológica. El
efecto que tiene el imán en la terapia no es aniquilar
microorganismos: “es empujar cargas del
mismo signo o atraer las cargas del signo contrario. El
imán induce a las cargas para que se
neutralicen y ya no sean viables para los patógenos”,
explica el Dr. Goiz.
Es por ello que se trata de una medicina que trabaja en las
fuentes de la enfermedad y esto
precisamente le da ventaja sobre las demás
técnicas médicas. Antaño el magnetismo sólo
ocupaba la
faz positiva del imán como analgésico y la
negativa como antiinflamatorio.
Los resultados del biomagnetismo, testimonian que en pocas
sesiones, un gran porcentaje de
pacientes experimentan rápidas y notables
mejorías, que no se dan comúnmente con otros
tratamientos.
La casuística señala que hasta un 90% de los
pacientes con diabetes, diagnosticados clínicamente o
por estudios de laboratorio, insulinodependientes o no,
obedecen a infecciones comunes como
tifoídea, cólera, brucelosis, shigellosis,
chlamidiasis y otras bacterias que impactan el duodeno. Que
existe un “falso positivo” a VIH y un VIH potencial. Que la
mayoría de los pacientes con
diagnóstico de cáncer son estados avanzados y
distorsionados de bacterias específicas como
Micobacterium leprae
o Neisseria gonorroeae
o asociaciones de
estas con otras bacterias o virus
patógenos. Otro ejemplo: el quiste del ovario derecho
de la mujer podría ser la clamidia tracomatis
y el papiloma humano o la varicela. Las metástasis se
definirían por las pseudomonas y las necrosis
serían producidas por parásitos.
El absceso sería la asociación de dos
bacterias.
La displasia dos bacterias más un virus. En las
formaciones tumorales, se podrían asociar bacterias,
hongos y virus. La neoplasia maligna estaría
definida por la presencia del Micobacterio leproso.
Asimismo, se sostiene que en los pacientes
con diagnóstico de reumatismo articular, en su
mayoría son debidas a “irritaciones axonales por
meningococo y las deformaciones articulares degenerativas de
la médula espinal por el
citomegalovirus y bacterias asociadas”, se señala.
UNA CARTOGRAFÍA POSIBLE: PARES BIOMAGNÉTICOS
El Dr. Goiz es taxativo: “ese es el problema grave entre la
alopatía y nosotros. El alópata acepta la
definición de cáncer cuando un
histopatólogo o los antígenos altos lo indican. En
cambio, nosotros
apenas encontremos la bacteria Micobacterium leprae
aceptamos el título de cáncer”.
Lo que ocurre es que podemos ser portadores
asintomáticos de microorganismos patógenos en las
mucosas de los sistemas respiratorio y digestivo (o
más bien en los pares biomagnéticos) y, por
ello, el biomagnetismo medicinal sería también
un procedimiento preventivo.
Para el Dr. Goiz, “el límite de estos procedimientos
es el proceso degenerativo puro, como el
verdadero cáncer en donde la información
genética se encuentra totalmente deformada o la cirrosis
hepática en donde el tejido hepático se
encuentra destruido”.
Aclara el Dr. Goiz su cartografía magnética del
cuerpo humano: “lo que yo encontré fue un código
de enfermedad”. Es decir cada patología arroja un
campo magnético propio con sus polos “norte” y
“sur” -pares biomagnéticos- que el especialista puede
indagar con la respuesta muscular voluntaria
que acusa desequilibrio, produciéndose el
insólito fenómeno de acortamiento o alargamiento del
todo el hemicuerpo derecho, que puede oscilar de
milímetros a centímetros.
Sostiene que simplemente se da este fenómeno “que
rompe con toda mi estructura médica… y tenía
que aceptarlo… ¡no hay límites!”, señala
el Dr. Goiz. Asevera que, en el diagnóstico, cuando el
diálogo “es con imán, responde el pH, pero
cuando es con la mente responde el ADN. Esto supera
toda la imaginación, estamos en otros niveles de
conciencia y energía. Esto ni yo mismo lo entiendo
a plenitud. Tienen que venir otros teóricos y otros
médicos que lo definan bien”.
Lo que plantea el biomagnetismo médico reivindica una
clásica concepción. Para los griegos,
enfermar era la pérdida de la armonía, el orden
interno, la norma. Etimológicamente ‘anómalos’ es
lo desigual, lo irregular. Para Francois Broussais (1822) la
enfermedad era “el exceso o el defecto
de la excitación de los tejidos por encima o por
debajo del grado que constituye el estado normal”.
Adhiere a la concepción de Broussais, el gran
fisiólogo Claude Bernard (1877), pero la apoya en
experimentos y en el desarrollo de métodos de
cuantificación: el estado patológico está
constituido
“por la exageración, desproporción y
disarmonía de los fenómenos normales”.
PAR BIOMAGNÉTICO
El par biomagnético viene a definir cada una de las
enfermedades conocidas en dos órganos bien
identificables. En la actualidad, la medición de los
polos biomagnéticos es de orden cualitativo e
indirecto, pero es la base para que en un futuro
próximo “desarrollemos un equipo que pueda medir
en forma directa y cuantitativa los fenómenos de
polarización orgánica”, señala Goiz.
Escribe el galeno: “el par biomagnético es el conjunto
de cargas que identifican una patología y
que está constituido por dos cargas principales de
polaridad opuesta que se forman a expensas de la
alteración fundamental del pH de los órganos
que las soportan”.
Se trata de una estructura magnética corporal
compuesta por dos polos de carga contraria. Esta
polaridad delimita una región específicaque
busca estabilidad energética.
Mientras un polo es sintomático, el otro es
asintomático. Y así como el polo positivo (o el
equivalente al sur terrestre), que se genera por exceso de
iones de hidrógeno, tiende a contraerse, a
la acidez, a acelerar la actividad celular y la
maduración, a hospedar virus y hongos; el negativo (o
norte), que se genera por déficit de iones de
hidrógeno, tiende distenderse, a la alcalinidad, a
lentificar la actividad celular, y a contener bacterias y
parásitos.
Desde el biomagnetismo se entiende que entre ambos focos
infectados se establecería una
comunicación a distancia, en forma de ondas
electromagnéticas, que permite la retroalimentación
energética entre dichos microorganismos, los que se
potencian en su virulencia y capacidad de
resistencia frente al sistema inmune. “Esto nos llevó
a entender que los procesos exhudativos por
excitaciones celulares están formados por irritaciones
que producen las bacterias por sus toxinas o
los virus por ellos mismos que se introducen a la
célula y producen este tipo de conflictos”, explica
el Dr. Goiz.
Al comprobarse entonces que las cargas biomagnéticas
presentan una resonancia vibracional entre
sí, se abrió paso para el uso de la influencia
de los imanes en el intercambio celular de iones,
aplicando un campo magnético de polaridad contraria a
la del campo bioenergético que presentaba
el organismo. Invirtiendo esa polaridad, con un par de imanes
de una fuerza de mediana intensidad
(que oscila entre los mil a 30 mil unidades de
imantación o Gauss), se llegaría a la salud. Y lo que
produciría sería una interrupción de la
retroalimentación energética y simultáneamente se
tiende a
corregir el pH alterado simplemente actuando sobre el
ión de hidrógeno.
CRISIS ALOPÁTICA
Muchos ya han reconocido el biomagnetismo como la medicina
del futuro. “¿Por qué la alopatía ya
no funciona?”, pregunta el Dr. Goiz. Es que se cometió
el error de abusar de los recursos
medicinales el siglo pasado “con vacunaciones, antivirales,
antibióticos, anti, anti, anti, anti…
Como al niño que se le dieron bofetadas cuando era
pequeño, crece y nos da una puñalada. Y tiene
otra conducta. Igual ocurre ahora: las bacterias, los virus,
los hongos ya adquirieron otra conducta
y ya no nos entendemos”.
Afortunadamente la terapia del biomagnetismo viene a
solucionar este impasse. “Gracias a ello,
se podría detectar la enfermedad en su origen y,
eventualmente, precisar cuándo, cómo y por qué se
transmitió”, indica.
Sin embargo, la confirmación del efecto
terapéutico de los imanes dio origen a la venta
indiscriminada en ciertos países desarrollados, de
distintos accesorios “como cinturones, fajas,
colchonetas, cintillos y parches magnetizados, pero este uso
de los magnetos fue como disparar a la
bandada, sin tener claro a lo que le estábamos
apuntando”, grafica el Dr Goiz.
Es evidente que al proporcionarnos un mapa exacto de estos
pares de puntos en el cuerpo, el Dr.
Goiz con su biomagnetismo no deja chance a especulaciones y
permite el increíble hecho de poder
reconocer en una primera sesión patologías que
sólo el paciente sabe o se enterará mediante
exámenes.
No obstante, el biomagnetismo no se ha quedado en el cuidado
del pH, la resonancia o la carga.
Actualmente atiende con especial dedicación conceptos
de entropía, simbiosis, el agua cristal, la red
ferroso férrica, la física cuántica.
En ese ámbito, el Dr. Goiz ha inaugurado el ejercicio
bioenergético que utiliza la mente para
producir el mismo efecto de los imanes. Se trata de crear el
espacio y la intención para que ocurra el
cambio, con la claridad que no hay realidad sólida y
que el desequilibrio es temporal. Porque
podemos elegir entre caer en un desajuste existencial para
crear un desbalance electromagnético en
nuestras células o entregarnos a nuevas posibilidades
que nos permitan afectar de la manera más
conciente la realidad a través del poder de
pensamiento y simplemente “la despolarización se da”,
afirma el creador del biomagnetismo.
Conclusión del Dr. Goiz
El biomagnetismo demuestra que un simple e inofensivo
imán puede conseguir cambios
bioquímicos profundos y provechosos para la salud. El
Dr. Goiz señala: “el paciente no necesita ni
desvestirse: no inyectamos nada, no sacamos nada, simplemente
equilibramos el pH del organismo
donde Dios y la naturaleza señalan”.
